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La
discriminación de género se refiere, lógicamente, a cualquier acción en la que
un hombre o una mujer se encuentren en situación de desigualdad por pertenecer
a un sexo u otro. Esta es la idea general, pero en la práctica se refiere
esencialmente a la discriminación de la mujer en la sociedad.
Es indudable que la legislación y los comportamientos colectivos han permitido que la mujer vea reconocido sus derechos en todos los ámbitos: en el trabajo, en el contenido de las leyes y en todas las circunstancias de la vida. Sin embargo, todavía hay aspectos que deben mejorar.
Cuando una mujer está embarazada, la legislación laboral la protege para que no pueda estar perjudicada por esta circunstancia, aunque en la práctica hay empresarios que prefieren no contar con el trabajo de una mujer embarazada.
Hay actividades laborales que tradicionalmente han sido realizadas por hombres y la incorporación de una mujer supone la ruptura de esta tradición. Este es otro ejemplo de discriminación. Algo muy parecido ocurre en relación con algunas costumbres o festividades, que están pensadas para la participación masculina en exclusiva. Ante este tipo de realidades, algunas asociaciones de mujeres intentan corregir esta tendencia y reivindican una mayor presencia femenina.
En los últimos años, la discriminación de género la padecen otros colectivos, por ejemplo los heterosexuales. Este grupo también está luchando por un mayor reconocimiento y, sobre todo, para no ser víctimas de ningún tipo de discriminación debido a su sexualidad.
Una de las medidas que se han incorporado para reducir o evitar la discriminación de género, es la puesta en marcha de la discriminación positiva, es decir, dar más valor a la condición femenina para compensar su situación de desigualdad inicial.
DISCRIMINACIÓN: La discriminación supone
diferencias entre seres humanos, ya sea por cualquiera de sus condiciones. En
siglos anteriores, podemos citar la esclavitud como una forma de
discriminación: podían ser esclavos los individuos de cierta clase social, de
cierto color de piel o de algún territorio conquistado por los grandes imperios
colonizadores, por ejemplo el caso de Francia en países de Centro América. Otra
forma histórica de discriminación se ha ejercido sobre la mujer, por ejemplo,
no reconociendo su derecho al voto o el acceso de mujeres en las fuerzas
armadas (como en los siglos medievales).
TRAVESTISMO: En el caso
del travestismo se hace muy evidente, tal vez más que en otros casos de
identidad de género, la discriminación que sufren quienes lo elige cuando
deciden salir al mundo exterior y demostrar esta elección en la vía pública.
Esto es así porque muchas veces, incluso desde los medios, se ridiculiza o
banaliza el hecho de que un travestí pueda ser una persona digna y por lo tanto
se trata el tema de modo superficial, con dejos de machismo y de altos niveles
de discriminación.
El lugar usualmente payasesco que se les da a los travestís en los medios y en muchos otros espacios contribuye a generar una idea sobre estos individuos de chiste, de gracia y de poca seriedad o respeto. Todavía se dan en muchos países agresiones y formas de violencia física sobre travestís que pueden llegar incluso al asesinato.
IGUALDAD DE OPORTUNIDADES: Aunque la igualdad de
oportunidades parece, en la teoría, un principio universalmente aceptado como
justo, hay un intenso debate en torno a su aplicación práctica. La razón para
este debate se centra en la realidad de que las personas nacen y crecen en
entornos y grupos sociales distintos, algunos de los cuales gozan de mejor
situación que otros.
Partiendo de esta situación, no existe una igualdad de oportunidades real entre los grupos más favorecidos y los menos, ya que los primeros, por su situación económica y social podrán acceder a oportunidades que a los otros permanecerán vedadas.
CRÍMENES DE ODIO: Para que
este tipo de delitos a los que hacemos aquí referencia tomen lugar en una
sociedad es claro que muchas cosas deben pasar antes. En primer lugar, debe
existir una diferencia (natural o artificialmente creada) entre los integrantes
de esa comunidad. En algunos casos, esas diferencias pueden generar la idea de
superioridad de algunos grupos sobre otros así como también actitudes de
desprecio, discriminación o justificación de esa diferencia a partir de
supuestos hechos reales. En este sentido, un claro ejemplo fue lo que sucedió
en la Alemania nazi, en la cual se justificó cultural y económicamente el
maltrato, desprecio y aniquilación de los judíos por considerarse que
ensuciaban la sangre y el bienestar de los alemanes puros.

